Si este domingo pasea usted por su ciudad y encuentra a seres ataviados con ropa deportiva, zapatillas de colores chillones y sudor estará cerca de alguna de las carreras populares que cada fin de semana se celebran en las ciudades ecuatorianas. Si se pregunta qué mueve a todas esas personas a madrugar un domingo para recorrer 5, 10, 21 o incluso más kilómetros quizá debería usted leer «El manual del buen corredor» (editado por La Esfera de los Libros), de Javier Serrano. Cuando lo termine puede que sienta ganas de apuntarse con esos locos de zapatillas chillonas a la próxima carrera, o puede que destierre para siempre de su cabeza la idea de que el deporte, en especial correr, es sano para la salud. No se preocupe, en cualquier caso, se habrá divertido leyéndolo.

Porque Javier Serrano, corredor amateur de esos que necesitan la adrenalina del frío en la cara, el sudor en la camiseta y los dolores en los pies, escribe un texto lleno de humor y consejos tanto para el que corre como para el que no. El autor, que también ofrece su ayuda en sencillos planes de ejercicios, no escatima en anécdotas personales para acercar el mundo del atletismo amateur a simples mortales. En cada capítulo, un aspecto diferente a tener en cuenta: el equipamiento, la prevención médica, tipos de entrenamiento, cuándo correr, cómo cuidarse, cómo evitar que la ropa sucia se mezcle en los conflictos conyugales… Guía básica para saber que el atletismo es, ante todo, sufrimiento, pero que, para una especie humana llamada corredores, es lo que alimenta cada mañana el entrenamiento; cada semana, el cansancio, y cada carrera, el triunfo personal.

Es una época en la que la crisis económica se junta con la crisis de motivación y los gimnasios, tan poblados en enero, acumulan desertores a lo largo del año. Pero la actividad de correr gana adeptos cada mañana en los parques. Los municipios consiguen cerrar los domingos por la mañana partes de la ciudad para que más y más locos de las zapatillas chillonas muestren y (se) demuestren que todos tenemos un atleta en potencia dentro de nosotros. Javier Serrano intenta sacar el del lector en cada letra. Consciente de que no lo conseguirá con todos, se atreve a buscar la complicidad con el que ya se ha iniciado, con el que se lo está pensando y con el que no logrará convencer jamás. Porque el mismo autor reconoce que «correr y competir es maravilloso, pero nadie dijo que fuese cómodo». Y sí, la palabra sufrir aparece en casi todos los capítulos, pero «oye, al final conseguimos llegar y la sensación de triunfo, de superación y de satisfacción personal es muy difícil de describir con palabras. Nos sentimos las personas más importantes del planeta…, pero yo tengo predilección por mí mismo, me presto más atención que a los demás, y mi sentimiento de triunfo es descomunal, intenso e intransferible».

Si usted es uno de esos que utiliza los domingos de invierno y verano en lucir camiseta empapada, es susceptible de caer en el atractivo de este libro. Y si no lo es, no se preocupe, los músculos de su cara al sonreír después de leerlo habrán calentado lo suficiente para seguir riendo el resto de la semana. Y eso también es llegar a la meta.

Extraído de ABC Periódico Electrónico S.L.U. por Laura Elliot.